La historia exige, en momentos de crisis existencial, una firmeza que a menudo es malinterpretada por el vulgo. Me hallo en la necesidad imperativa de ejecutar cambios profundos en nuestra organización y de adoptar decisiones que, por su rigor, podrían ser calificadas como non gratas.
La Casa de Windsor, al despojarse de su mística y permitir que la debilidad moral de sus miembros sea juzgada por los tribunales de la opinión pública sin el contrapeso de una autoridad trascendente, está firmando su propio acta de defunción. La monarquía no es una celebridad; es una función litúrgica. Cuando el rey o su estirpe se comportan como actores de una tragedia vulgar, el pueblo deja de ver en ellos el reflejo de la unidad nacional para ver solo a privilegiados en decadencia.
Elevo este escrito como un llamado a la reflexión sobre la dignidad, la memoria y el respeto que todo hombre, y especialmente un Rey, debe a su propia sangre, incluso cuando los caminos de la historia y de la biología nos sitúen en orillas diferentes, la legitimidad del ejercicio y la investidura que ostentó Juan Carlos I le otorgan un lugar en la crónica de este país que no debería ser borrado con el silencio o el destierro simbólico.
Miro a mi alrededor y el corazón se me estremece ante la farsa. Veo a quienes se autodenominan Duque de Anjou o Conde de París, enfrascados en una lucha de egos, sustentando sus falsas autodeterminaciones no en el sagrado Derecho, sino en el vulgar poder económico. Han convertido la realeza en una campaña política perpetua, olvidando que el Rey no es un candidato, sino un padre.
La autorización requerida para el uso de un Título extranjero no afecta, como afirma el Consejo de Estado en su Dictamen de 1 de diciembre de 1951, a la legítima posesión del Título conforme a la legislación de origen. Por ello esa autorización de la Administración española no declara derechos, ya que estos reposan en el acta originaria de dicho título en conformidad a la legislación aplicable para su otorgamiento, que, en ningún caso, puede ser la norma española.
No hay que olvidar que el Rey, según la tradición REINABA "por la gracia de Dios"; vinculado al principio teológico "Omnis potestas a Deo"; crisma que, por su naturaleza divina, no puede conocer límites, de esta forma, es por dicha naturaleza, por la que las Iglesias históricas, sí también tienen esa capacidad; esta no está vinculada al Estado, sino al DERECHO DIVINO Y TEOLÓGICO.
La hoja de ruta que presento no es un manifiesto político, sino un camino de esperanza, de reconstrucción y de servicio. Es un llamado a recuperar los valores que hicieron grande a nuestra civilización: la fe, la familia, el honor, la lealtad y el amor a la patria.
Vivimos tiempos difíciles, tiempos de confusión y de pérdida de rumbo. El materialismo y el individualismo han corroído el tejido social, y las ideologías totalitarias amenazan con destruir nuestra libertad y nuestra identidad. El cristianismo, la fe que guio a nuestros antepasados y que construyó Europa, es perseguido y ridiculizado.
El Príncipe de Borbón-Conti, en su calidad de XXX Lord de Appleton y Westhall, ha dado un paso trascendental al solicitar el registro de la Maison Royale de Appleton de la Marche Ltd. Esta nueva entidad jurídica, con el número de compañía 14229335, tiene como objetivo principal garantizar la protección legal del nombre y las actividades de la Casa de Borbón de la Marche.
El robo en el Louvre y el incendio de Notre Dame, separados cronológicamente, son eventos que comparten una profunda naturaleza de "golpe al corazón simbólico" de Francia. El incendio destruyó la estructura física de la coronación y la monarquía cristiana (la aguja de Viollet-le-Duc y las reliquias), mientras que el robo eliminó los símbolos materiales del poder dinástico y la continuidad histórica (las Joyas de la Corona).
El atraco perpetrado el pasado 19 de octubre de 2025 contra la colección de la Corona francesa en la Galería de Apolo del Museo del Louvre trasciende con creces la catalogación de un mero suceso criminal. La sustracción de nueve piezas de valor patrimonial incalculable, la precisión quirúrgica de su ejecución y la elección altamente simbólica del objetivo apuntan inequívocamente a una motivación de índole profundamente política y estratégica.
Este artículo, elaborado en el DEPARTAMENTO CREPÚSCULO DE EUROPA, de la APPLETON PRIVATE UNIVERSITY, analiza el Caso Narogi, un incidente de seguridad no reportado que opera como un paradigma de la opacidad institucional ejercida para la preservación del statu quo dinástico. El sujeto central, Luis, es descendiente de una rama Borbón antigua y legítima y posee documentación que compromete la legitimidad de la Corona Española (descrita como una "Dinastía nueva puesta por el General Franco") y valida el Trono de Francia.
Para abordar esta cuestión con la seriedad y el rigor académico que merece, dividiremos nuestro análisis en dos partes diferenciadas, aunque interconectadas. En primer lugar, exploraremos la intrínseca relación histórica entre las monarquías europeas, particularmente la española, y la Iglesia Católica, deteniéndonos en la significación de la unción real y el título de "Católica Majestad". En segundo lugar, nos adentraremos en un ejercicio narrativo hipotético para examinar las posibles implicaciones morales y legales que un acto como el aborto podría haber tenido en la legitimidad y el estatus de una reina católica.