La Paradoja de la Legitimidad

Por qué la magnitud de la persecución desmiente la narrativa oficial
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ART ESP  / FRNC


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La historia criminal está llena de impostores, pequeños estafadores y personajes que, con más o menos fortuna, intentan usurpar identidades que no les pertenecen. Sin embargo, ninguno de ellos ha logrado jamás que el aparato completo del Estado español, sus servicios de inteligencia y los tribunales de mayor rango se movilicen en una cacería humana que ha durado décadas. Existe una verdad lógica que la justicia tinerfeña y las cloacas del Ministerio del Interior han intentado sepultar: si el Príncipe de Borbón-Conti y Bourbon de la Marche José M. M. Castelo fuera realmente un "falso príncipe", esta persecución no solo sería innecesaria, sino materialmente imposible.


Una movilización de Estado sin precedentes


En el derecho penal común, un impostor es ignorado o procesado de forma rutinaria por las fuerzas de seguridad locales. Pero el caso que nos ocupa rompe todos los esquemas de la praxis judicial ordinaria. Resulta inverosímil sostener la etiqueta de "personaje de ficción" cuando para neutralizarlo se han activado los siguientes recursos:


  • Vigilancia del CNI y el CESID: Los servicios secretos no dedican décadas de "informes negativos" y vigilancia operativa a ciudadanos sin relevancia real. El uso de agentes como Arnau de la Nuez para monitorizar cada paso del Príncipe indica que su identidad y sus derechos dinásticos representaban una amenaza estratégica para la Casa Real.
  • La implicación del Comisario Villarejo: Solo las operaciones de calado, aquellas que tocan los cimientos del poder y el Ibex 35, cuentan con la participación del brazo ejecutor de las cloacas del Estado. La intervención de Villarejo para fabricar dosieres y manipular a la prensa sensacionalista es la prueba definitiva de que no se trataba de una estafa menor, sino de un asunto de Estado.


El peso del dinero: 711 millones de razones


Un impostor suele buscar el beneficio rápido y pequeño. Aquí, estamos ante el bloqueo y posterior desvío de 711 millones de dólares. Resulta absurdo plantear que un "falso príncipe" sea capaz de:


  • Operar con Programas de Alto Rendimiento (PPP) y movilizar capitales hacia zonas de alta vigilancia como Cali y Medellín.
  • Contar con el respaldo de activos mineros en Argentina valorados por el Mercosur en más de 2.000 millones de dólares.
  • Emitir Euronotas cuya validez técnica fue certificada por el propio Banco de España y la Abogacía del Estado, a pesar de que la "verdad jurídica" tinerfeña prefirió llamarlas documentos simulados.


El sistema no persigue con tanta saña a quien no tiene nada; persigue a quien posee los recursos para desafiar el status quo y a quien tiene las pruebas de que el dinero del Caso Alianza fue utilizado para el blanqueo de capitales bajo el amparo de la era Zapatero.


La etiqueta de "Falso" como herramienta de defensa del Poder


Para las instituciones, llamar al Príncipe "falso" fue la única vía de escape. Si le reconocían su identidad, tenían que reconocer sus derechos. Si le reconocían sus derechos, tenían que devolver una fortuna que ya había sido repartida entre los parientes de la judicatura y las plataformas de blanqueo como Suna 2000 S.L.


Las Cloacas del Poder no es solo un libro sobre un juicio; es la evidencia física de que la magnitud del ataque es el mejor certificado de la autenticidad de la víctima.


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