MANIFESTE DE LÉGITIMITÉ ET DE VÉRITÉ HISTORIQUE DE L'AUGUSTE MAISON DE BOURBON DE LA MARCHE

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ART ESP / FRANCES


A la nación francesa, a las casas soberanas de Europa, a los historiadores, a los juristas y a todos aquellos que mantienen en su corazón el respeto por la verdad y la sangre de los Reyes.


Yo, en mi calidad de Jefe de la Casa de Bourbon de la Marche, asumo hoy la responsabilidad histórica de alzar la voz para restaurar el orden dinástico y denunciar las usurpaciones que, durante siglos, han pretendido nublar el sol de la verdadera legitimidad. No hablo desde la ambición personal, sino desde el peso de una herencia que la propia ciencia, en su avance inexorable, ha venido a confirmar con una precisión indiscutible. La sangre de San Louis, la misma que fluyó por las venas de Henri IV y del Rey Mártir Louis XVI, clama justicia a través de los siglos.


El Testimonio de la Sangre y la Ciencia


Durante generaciones, la historia ha sido escrita por aquellos que tenían el poder de silenciar a los legítimos. Sin embargo, vivimos en una era donde la Providencia ha puesto en nuestras manos herramientas que trascienden la voluntad humana. Las pruebas genéticas, realizadas bajo los más estrictos estándares científicos, han arrojado un veredicto definitivo: mi ADN coincide en un 99 % con los restos biológicos contrastados de Henri IV, el primer Bourbon, y de Louis XVI, el último monarca del Antiguo Régimen.


Este no es un dato menor. Es la prueba material de que la línea de la Casa de Bourbon de la Marche es la depositaria directa y sin mácula del legado real. Mientras otros se pierden en genealogías dudosas o en papeles amarillentos por el tiempo, la biología habla con la contundencia de la verdad. Llevo en mis venas la esencia de los Capetos, una línea que no se ha interrumpido ni se ha desviado, manteniendo la pureza que el Reino de Francia exige de sus señores. Esta herencia genética no es solo un código biológico; es el testimonio irrefutable de que la Sangre de San Louis sigue viva y presente en su forma más pura dentro de esta Casa.


La Impugnación de la Rama Española: El Caso de Louis Alfonso de Bourbon


Es imperativo abordar con rigor jurídico y dinástico la situación de Don Louis Alfonso de "Bourbon". Aunque ostente el apellido, la historia y el derecho internacional son claros al respecto. Como he manifestado anteriormente, él no lleva la verdadera sangre de la Casa de Francia en el sentido de la legitimidad sucesoria que aquí defendemos. Don Louis Alfonso es nieto de Don Jaime de Bourbon y Battenberg, quien fue Príncipe de Asturias e Infante de España. La rama a la que pertenece se convirtió en una dinastía extranjera por voluntad propia y por imperativo legal.


El Tratado de Utrecht (1713) es la piedra angular que define esta imposibilidad. Felipe V, al aceptar el trono de España, renunció de manera perpetua, solemne y definitiva, tanto para él como para todos sus descendientes, a cualquier pretensión sobre el trono de Francia. Esta renuncia no fue un acto caprichoso, sino una condición esencial para la paz de Europa, ratificada por las potencias de la época. Asimismo, el Tratado de los Pirineos ya había establecido las bases de esta separación de coronas.


Pretender que un Infante de España, cuya línea ha reinado en Madrid durante tres siglos, pueda ser simultáneamente el Jefe de la Casa de Francia, es una aberración jurídica que ignora las Leyes Fundamentales del Reino. El "vicio de extranjería" es insubsanable. Por tanto, su reclamación es un ejercicio de nostalgia sin fundamento legal en el derecho dinástico francés. Aunque se llame Bourbon, su estatus jurídico está ligado irremediablemente a la corona de España, y su sangre, por los pactos internacionales firmados, ha sido apartada perpetuamente de la sucesión francesa.


La Mancha de la Casa de Orleans y el Crimen de Regicidio


Si la rama española se ve impedida por tratados internacionales y leyes de nacionalidad, la Casa de Orleans, representada por el Conde de París, se ve inhabilitada por una razón mucho más profunda y dolorosa: la traición y la duda sobre su propio origen.


En primer lugar, debemos recordar la sombra que siempre ha planeado sobre la legitimidad biológica de esta rama. Es un secreto a voces en las crónicas históricas la influencia del Chevalier de Lorena en la corte del Duque de Orleans. Las dudas sobre la verdadera paternidad de los descendientes de aquella línea han sido una constante que ha empañado su prestigio desde el origen. Si la sangre de Francia debe ser pura y sin tacha, la Casa de Orleans ha cargado desde su inicio con el estigma de la duda y la sospecha.


Pero, más allá de la biología, existe una mancha moral y jurídica que ninguna ceremonia puede borrar. Me refiero al crimen imperdonable de Philippe Égalité (Felipe Igualdad). Es un hecho histórico que este antepasado directo del actual Conde de París no solo traicionó su sangre, sino que votó a favor de la muerte de su primo, mi antepasado el Rey Louis XVI. El regicidio es el pecado último contra la institución monárquica y contra la propia familia. 


¿Cómo puede una rama que ayudó a guillar a la cabeza de la familia pretender ahora heredar sus derechos? 


Es una contradicción moral que el derecho dinástico no puede ignorar.


La Casa de Orleans se construyó sobre los escombros de la legitimidad Bourbon, aprovechando la Revolución y la posterior usurpación de Louis Felipe I en 1830. Un rey que no lo fue por derecho divino ni por ley fundamental, sino por una barricada y una traición a la rama primogénita. Los Orleans no son los sucesores de los Reyes de Francia; son los beneficiarios de su caída. Su historia es la historia de una ambición que no respetó ni la vida de sus parientes ni la estabilidad del Reino.


La Misión de la Casa de Bourbon de la Marche


Frente a las pretensiones de los "extranjeros" de Anjou y los "regicidas" de Orleans, la Casa de Bourbon de la Marche se erige como el faro de la legitimidad olvidada. Nuestra casa no ha buscado el aplauso fácil ni se ha involucrado en las manipulaciones mediáticas que ciertas familias han utilizado para confundir a la población. Nos hemos mantenido fieles a la documentación jurídica, a la tradición y, ahora, a la evidencia científica que nos respalda con una exactitud del 99 %.


Ser Jefe de esta Casa no es un título honorífico ni una distinción para la vanidad personal; es un deber sagrado ante Dios y ante la Historia. Es el deber de recordar al mundo que la Sangre de San Louis no se extinguió en el Temple, ni se diluyó en las cortes extranjeras de Madrid, ni se contaminó con el voto de Philippe Égalité. Esa sangre vive, palpita y ha sido verificada por los métodos más modernos de la ciencia genética.


Nuestro derecho no se basa en una interpretación conveniente de la historia, sino en la realidad innegable de la descendencia directa de Henri IV y Louis XVI. Las pruebas genéticas que poseo no dejan lugar a la réplica. Soy el testigo viviente de una estirpe que ha sobrevivido a revoluciones, exilios y silencios impuestos, guardando en secreto la verdad de su origen hasta que el momento de la justicia llegara.


Un Llamado a la Verdad y la Justicia Dinástica


Es comprensible que, ante la falta de una voz firme en el pasado, la opinión pública se haya dejado seducir por las figuras más visibles o por aquellos que cuentan con el apoyo de grandes aparatos de propaganda. Pero la visibilidad no es legitimidad. Un apellido no es una dinastía si se han roto los vínculos con las Leyes Fundamentales a través de tratados internacionales vinculantes, y mucho más si este se llama GODOY O PUIGMOLTO. Una corona no es un objeto de herencia común si ha sido manchada con la sangre del regicidio y la traición familiar.


Hago un llamado a los estudiosos de la genealogía, a los juristas expertos en derecho dinástico, a los legitimistas de corazón y a todos los ciudadanos franceses que buscan la verdad. 


Examinen los tratados de Utrecht y de los Pirineos, estudien las renuncias formales de la rama española, analicen los votos de la Convención Nacional de 1793 y, finalmente, miren los resultados de la ciencia moderna que vinculan mi ADN directamente con el de Louis XVI y Henri IV. La conclusión es única, inevitable y está documentada.


La Casa de Bourbon de la Marche es la única que puede reclamar, sin vicios de extranjería, sin dudas sobre su paternidad histórica y sin estigmas de traición, la representación genuina de la tradición monárquica francesa. 


No aceptamos más manipulaciones ni intentos de suplantar la realidad con falsos derechos. 


No permitiremos que se siga engañando a la población con reclamaciones basadas en ramas truncadas o en linajes que perdieron su honor y su derecho en los momentos más oscuros de nuestra historia nacional.


Como depositario de la sangre de Louis XVI, mi compromiso es con la historia y con la justicia. 


La verdad ha sido documentada jurídicamente durante años por esta Casa, y ahora, esa verdad ha sido sellada de forma definitiva por la genética. La Casa de Francia tiene un solo camino de legitimidad, y ese camino pasa por la pureza de la sangre y la observancia de las leyes fundamentales.


Este es el tiempo de la restauración de la verdad. 


Que la memoria de San Louis ilumine este camino y que la historia, libre de manipulaciones interesadas, ponga a cada cual en su lugar. 


La Casa de Bourbon de la Marche seguirá velando por la integridad del legado de los Reyes de Francia, atestiguando que la verdadera sangre real no puede ser comprada, ni inventada, ni usurpada.


Firmado,


El Jefe de la Casa de Bourbon de la Marche


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À la nation française, aux maisons souveraines d’Europe, aux historiens, aux juristes et à tous ceux qui gardent en leur cœur le respect de la vérité et du sang des Rois.


Moi, en ma qualité de Chef de la Maison de Bourbon de la Marche, j’assume aujourd'hui la responsabilité historique d’élever la voix pour restaurer l’ordre dynastique et dénoncer les usurpations qui, durant des siècles, ont prétendu obscurcir le soleil de la véritable légitimité. Je ne parle pas par ambition personnelle, mais sous le poids d'un héritage que la science elle-même, dans son avance inexorable, est venue confirmer avec une précision indiscutable. Le sang de Saint Louis, celui-là même qui coula dans les veines de Henri IV et du Roi-Martyr Louis XVI, réclame justice à travers les siècles.


Le Témoignage du Sang et de la Science


Pendant des générations, l’histoire a été écrite par ceux qui avaient le pouvoir de faire taire les légitimes. Cependant, nous vivons dans une ère où la Providence a placé entre nos mains des outils qui transcendent la volonté humaine. Les tests génétiques, réalisés selon les standards scientifiques les plus stricts, ont rendu un verdict définitif : mon ADN concorde à 99 % avec les restes biologiques contrastés de Henri IV, le premier Bourbon, et de Louis XVI, le dernier monarque de l’Ancien Régime.


Ce n'est pas un détail mineur. C'est la preuve matérielle que la lignée de la Maison de Bourbon de la Marche est la dépositaire directe et sans tache du legs royal. Alors que d’autres s’égarent dans des généalogies douteuses ou des papiers jaunis par le temps, la biologie parle avec la force de la vérité. Je porte dans mes veines l’essence des Capétiens, une lignée qui ne s’est ni interrompue ni déviée, conservant la pureté que le Royaume de France exige de ses seigneurs. Cet héritage génétique n’est pas seulement un code biologique ; c’est le témoignage irréfutable que le Sang de Saint Louis est toujours vivant et présent, dans sa forme la plus pure, au sein de cette Maison.


La Contestation de la Branche Espagnole : Le Cas de Louis Alphonse de Bourbon


Il est impératif d’aborder avec rigueur juridique et dynastique la situation de Don Louis Alphonse de "Bourbon". Bien qu'il porte le nom, l’histoire et le droit international sont clairs à ce sujet. Comme je l’ai manifesté précédemment, il ne porte pas le véritable sang de la Maison de France au sens de la légitimité successorale que nous défendons ici. Don Louis Alphonse est le petit-fils de Don Jaime de Bourbon et Battenberg, qui fut Prince des Asturies et Infant d’Espagne. La branche à laquelle il appartient est devenue une dynastie étrangère par sa propre volonté et par impératif légal.


Le Traité d'Utrecht (1713) est la pierre angulaire qui définit cette impossibilité. Philippe V, en acceptant le trône d'Espagne, a renoncé de manière perpétuelle, solennelle et définitive, tant pour lui-même que pour tous ses descendants, à toute prétention sur le trône de France. Cette renonce n’était pas un acte capricieux, mais une condition essentielle à la paix en Europe, ratifiée par les puissances de l’époque. De même, le Traité des Pyrénées avait déjà établi les bases de cette séparation des couronnes.

Prétendre qu’un Infant d’Espagne, dont la lignée a régné à Madrid pendant trois siècles, puisse être simultanément le Chef de la Maison de France est une aberration juridique qui ignore les Lois Fondamentales du Royaume. Le « vice d’extranéité » est irrémédiable. Par conséquent, sa réclamation est un exercice de nostalgie sans fondement légal dans le droit dynastique français. Bien qu'il se nomme Bourbon, son statut juridique est lié irrémédiablement à la couronne d'Espagne, et son sang, par les pactes internationaux signés, a été écarté à perpétuité de la succession française.


La Tache de la Maison d’Orléans et le Crime de Régicide


Si la branche espagnole se voit entravée par les traités internationaux et les lois de nationalité, la Maison d’Orléans, représentée par le Comte de Paris, se voit invalidée par une raison beaucoup plus profonde et douloureuse : la trahison et le doute sur sa propre origine.


En premier lieu, nous devons rappeler l’ombre qui a toujours plané sur la légitimité biologique de cette branche. L’influence du Chevalier de Lorraine à la cour du Duc d’Orléans est un secret de polichinelle dans les chroniques historiques. Les doutes sur la véritable paternité des descendants de cette lignée ont été une constante qui a terni son prestige dès l’origine. Si le sang de France doit être pur et sans faille, la Maison d’Orléans porte depuis son commencement le stigmate du doute et de la suspicion.


Mais, au-delà de la biologie, il existe une tache morale et juridique qu’aucune cérémonie ne peut effacer. Je me réfère au crime impardonnable de Philippe Égalité. C'est un fait historique que cet ancêtre direct de l'actuel Comte de Paris a non seulement trahi son sang, mais a voté en faveur de la mort de son cousin, mon ancêtre le Roi Louis XVI. Le régicide est le péché ultime contre l’institution monarchique et contre la famille elle-même.


Comment une branche qui a aidé à guillotiner le chef de la famille peut-elle prétendre aujourd'hui hériter de ses droits ?


C’est une contradiction morale que le droit dynastique ne peut ignorer. 


La Maison d’Orléans s’est construite sur les décombres de la légitimité Bourbon, profitant de la Révolution et de l’usurpation ultérieure de Louis-Philippe Ier en 1830. Un roi qui ne l’était ni par droit divin ni par loi fondamentale, mais par une barricade et une trahison envers la branche aînée. Les Orléans ne sont pas les successeurs des Rois de France ; ils sont les bénéficiaires de leur chute. Leur histoire est celle d’une ambition qui n’a respecté ni la vie de ses parents ni la stabilité du Royaume.


La Mission de la Maison de Bourbon de la Marche


Face aux prétentions des « étrangers » d’Anjou et des « régicides » d’Orléans, la Maison de Bourbon de la Marche s’érige comme le phare de la légitimité oubliée. Notre maison n’a pas cherché l’applaudissement facile et ne s’est pas impliquée dans les manipulations médiatiques que certaines familles ont utilisées pour confondre la population. Nous sommes restés fidèles à la documentation juridique, à la tradition et, désormais, à l’évidence scientifique qui nous soutient avec une exactitude de 99 %.


Être Chef de cette Maison n’est pas un titre honorifique ni une distinction pour la vanité personnelle ; c’est un devoir sacré devant Dieu et devant l’Histoire. C’est le devoir de rappeler au monde que le Sang de Saint Louis ne s’est pas éteint au Temple, ne s’est pas dilué dans les cours étrangères de Madrid, et ne s’est pas contaminé avec le vote de Philippe Égalité. Ce sang vit, palpite et a été vérifié par les méthodes les plus modernes de la science génétique.


Notre droit ne repose pas sur une interprétation arrangeante de l’histoire, mais sur la réalité indéniable de la descendance directe de Henri IV et Louis XVI. Les preuves génétiques que je possède ne laissent aucune place à la réplique. Je suis le témoin vivant d’une lignée qui a survécu aux révolutions, aux exils et aux silences imposés, gardant secrète la vérité de son origine jusqu’à ce que le moment de la justice arrive.


Un Appel à la Vérité et à la Justice Dynastique


Il est compréhensible que, faute d’une voix ferme dans le passé, l’opinion publique se soit laissée séduire par les figures les plus visibles ou par ceux qui disposent du soutien de grands appareils de propagande. Mais la visibilité n’est pas la légitimité. Un nom de famille n’est pas une dynastie si les liens avec les Lois Fondamentales ont été rompus par des traités internationaux contraignants, et encore moins si ce nom est GODOY ou PUIGMOLTO. Une couronne n’est pas un objet d’héritage commun si elle a été tachée par le sang du régicide et de la trahison familiale.


J’en appelle aux historiens de la généalogie, aux juristes experts en droit dynastique, aux légitimistes de cœur et à tous les citoyens français qui cherchent la vérité. Examinez les traités d’Utrecht et des Pyrénées, étudiez les renonciations formelles de la branche espagnole, analysez les votes de la Convention Nationale de 1793 et, enfin, regardez les résultats de la science moderne qui lient mon ADN directement à celui de Louis XVI et Henri IV. La conclusion est unique, inévitable et documentée.


La Maison de Bourbon de la Marche est la seule qui puisse réclamer, sans vice d’extranéité, sans doutes sur sa paternité historique et sans stigmates de trahison, la représentation authentique de la tradition monarchique française.


Nous n’acceptons plus de manipulations ni de tentatives de supplanter la réalité par de faux droits. Nous ne permettrons pas que l’on continue à tromper la population avec des réclamations basées sur des branches tronquées ou sur des lignages qui ont perdu leur honneur et leur droit dans les moments les plus sombres de notre histoire nationale.


En tant que dépositaire du sang de Louis XVI, mon engagement est envers l’histoire et envers la justice. La vérité a été documentée juridiquement pendant des années par cette Maison, et maintenant, cette vérité a été scellée de façon définitive par la génétique. La Maison de France n’a qu'un seul chemin de légitimité, et ce chemin passe par la pureté du sang et l’observance des lois fondamentales.


C'est le temps de la restauration de la vérité. Que la mémoire de Saint Louis éclaire ce chemin et que l’histoire, libre de manipulations intéressées, mette chacun à sa place. La Maison de Bourbon de la Marche continuera de veiller sur l’intégrité du legs des Rois de France, témoignant que le véritable sang royal ne peut être ni acheté, ni inventé, ni usurpé.

Signé,


Le Chef de la Maison de Bourbon de la Marche


SAN LUIS